El Camino Inglés

El Camino Inglés parte de Ferrol y de A Coruña. Era el camino que tomaban los peregrinos procedentes del norte de Europa, Gran Bretaña e Irlanda y también se consideraba una importante ruta comercial.

Para obtener tu Compostela necesitarás caminar los últimos 100 kilómetros; bien desde Ferrol o completar lo que se conoce el Camino Celta desde A Coruña.

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Desde Ferrol: durante los primeros días, disfrutarás de hermosas vistas de la costa y visitarás ciudades fabulosas como Pontedeume y Betanzos. La segunda parte de esta ruta se dirige hacia el interior, atravesando los exuberantes paisajes verdes de Galicia. Además, si viajas en primavera, no debes perderte la Semana Santa de Ferrol.

No olvides que para poder obtener tu Compostela necesitarás caminar los últimos 100 km hacia Santiago (te recomendamos que comiences en Ferrol) y si haces al camino en bici, deberás terminar los últimos 200 km. Ten en cuenta que si haces el Camino Inglés en bicicleta, no podrán darte la Compostela una vez llegues a Santiago dado que el Camino Inglés no es lo suficientemente largo (120 km en total).

Desde A Coruña: muchos peregrinos inician su Camino Inglés desde este punto principalmente porque se encuentra más próximo a Santiago (menos de 100 kilómetros). Por este motivo, si inicias tu ruta en A Coruña no podrás obtener la Compostela y para ello tendrás que comenzar tu caminata en Ferrol.

HISTORIA DEL CAMINO

Las peregrinaciones comenzaron desde Escandinavia y las islas británicas en el siglo XII. Uno de los episodios más notables ocurrió en 1147 con la llegada de un escuadrón de cruzados en su camino a la “Tierra Santa”. Este escuadrón participó en la conquista de Lisboa, ayudando al primer rey de Portugal en su lucha contra los musulmanes. Antes de iniciar su enfrentamiento los cruzados de Inglaterra, Alemania y Flandes visitarían la tumba de Santiago.

El primer itinerario marítimo registrado data del año 1154-1159 y lo escribe Nicholas Bergson, un monje islandés. Nicholas describe el viaje desde Islandia a Bergen (Noruega), Aalborg (Jutlandia) y Vyborg, navegando por el Canal de Kiel, que marca la frontera entre Dinamarca y Alemania. El monje continuó la ruta a pie hasta Roma. Peregrinos islandeses y escandinavos que viajaban a Santiago tomaron esta ruta marítima a Dinamarca, continuando su viaje a pie hasta Roncesvalles y en barco hacia el norte de la Península Ibérica.

Durante la Guerra de los Cien Años que se extendió entre Francia e Inglaterra a lo largo de casi todo el siglo XIV y el primer tercio del siglo XV, los británicos utilizaron barcos para viajar a Santiago. Navegarían con el permiso de la Corona de Londres, Bristol, Southampton y Plymouth y regresarían a Inglaterra cargados con mercancías de Galicia. La presencia de estos peregrinos en Santiago está bien documentada por las piezas de cerámica y monedas que datan de los siglos XIV y XV, encontradas durante las excavaciones en la catedral.

Otras huellas de peregrinaciones por vía marítima se pueden encontrar en las ofrendas hechas al Apóstol. El más destacado es el famoso retablo portátil de alabastro que representa la vida de Santiago, que fue donado a la catedral de Santiago de Compostela en 1456 por el Padre John Goodyear, quien era el párroco de la iglesia de Chale en la Isla de Wight (diócesis de Winchester). Esta obra de arte, que forma parte de la colección del Museo de la Catedral, retrata cinco escenas de la vida del apóstol: su vocación, su predicación en Hispania, su martirio en Palestina y el traslado de su cuerpo en barco a Galicia.

Otra ofrenda ligada a la peregrinación desde las Islas Británicas es la “Cruz de las perlas”. Esta pieza de oro, plata, muestra esmalte, perlas y gemas, creada en París entre 1375-1400 y donada por el rey Jacobo IV de Escocia (1475-1513). El divorcio entre Enrique VIII (1509-47) y Catalina de Aragón hizo que rompiera los lazos con la Iglesia católica, poniendo así fin a las peregrinaciones inglesas.

Ya fueran nobles, príncipes, clérigos o simples ciudadanos, los peregrinos encontraron refugio en los hospitales a lo largo del Camino Inglés. Desde Ferrol y A Coruña, la ruta fue menos ardua gracias a los servicios prestados por la orden religiosa de Sancti Spíritus. A partir del siglo XIV, la Orden Franciscana abrió las puertas de sus viviendas en Pontedeume y Betanzos, bajo los auspicios del noble Fernán Pérez de Andrade.

A lo largo de este tramo, que salía de Ferrol, había hospitales de peregrinos dirigidos por los Hospitalarios de Sancti Spiritus ubicados en Ferrol, Neda, Miño, Paderne y Betanzos. Otro hospital de peregrinos dedicado a San Lorenzo se fundó en Bruma, en 1140, y se convirtió en parte del Hospital de Santiago en 1175. En el tramo de A Coruña, la ciudad ofrecía alojamiento para peregrinos a cargo de las órdenes religiosas de Los Ángeles, Santa Catalina y San Andrés y, a medida que avanzaban por el Camino, había instalaciones en Sigras y Poulo. Algunos de estos establecimientos tenían capillas y cementerios, cuyos archivos contienen registros de las muertes de peregrinos de nacionalidades inglesas, nórdicas, alemanas, francesas e italianas. Estos registros resaltan la importancia de las peregrinaciones jacobeas a lo largo de esta ruta.